Carlos Lechuga: “mucha gente se sentirá identificada con mi película”
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Santa y Andres

Carlos Lechuga: “mucha gente se sentirá identificada con mi película”

Por: Andy Muñoz Alfonso

 

 

 

Carlos Lechuga. Director, producttor y guionista de cine

Carlos Lechuga. Director, producttor y guionista de cine

Para Carlos Lechuga (La Habana, 1983) lo más importante es que el público cubano pueda ver su obra. Sin embargo, Melaza (2012), su primer largometraje, estuvo  a punto de no presentarse en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, a pesar del reconocimiento alcanzado en muchos otros festivales del mundo. Querían que no se presentara.

 

Que una película cubana no se exhibiera en un festival nacional era una aporía hasta hace muy poco. Antes del inicio del Período Especial –y el impulso de las coproducciones como forma de sustentar el cine cubano– los realizadores de la Isla solo podían confiar sus proyectos al ICAIC. Ese panorama se ha venido desdibujando y se habla ahora de un movimiento de realizadores que conforman un cine cubano independiente. Carlos Lechuga dice ser eso. Independiente. Y Santa y Andrés, su última película, viene a engrosar la lista de obras que pertenecen a este movimiento.

 

 

 

Mucho se ha dicho ya del filme, sobre todo en algunos medios digitales. Tiene hasta página en Facebook. La película desentierra a modo de ficción un capítulo injustamente olvidado de la historia pos-revolucionaria cubana, salvo por dos documentales que mostraron a sus protagonistas: Conducta impropia (Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal) y Seres extravagantes (Manuel Zayas). Próximamente se estrenará en el Toronto International Film Festival (tiff), luego en el de San Sebastián. Anteriormente había sido finalista del Sebastiane Latino y participado en el Marché du film de Cannes.

 

 

 

– Ud. –como muchos otros jóvenes realizadores cubanos– ha optado por el cine independiente para concretar sus proyectos desde lo económico (dígase financiamientos, producción y distribución). Pero también para poner sobre el tapete otros puntos de vista o realidades que no son las que potencia el ICAIC. Sin embargo, esa “independencia” del ICAIC no garantiza que se llegue a la esencia de los fenómenos representados, y, frecuentemente, esa independencia está relacionada con el simple morbo de mostrar lo que no muestra el ICAIC y que también tiene que ver con los intereses de quien financia. ¿Independencia del ICAIC significa necesariamente independencia de pensamiento?

 

Yo estudié dos años en la FAMCA, después me fui a San Antonio de los Baños (EICTV), las dos son escuelas cubanas y ninguna me costó nada. Mi formación se la debo a la revolución porque no pagué nada por mi formación. ¿Cuál es el problema con el ICAIC? Que no tiene una política clara de cómo uno hace una película. Yo salgo de San Antonio con mi guión distinto a lo que toca el ICAIC y no sé cómo tocar la puerta y decir “aquí está mi guión”.

En todas partes del mundo los institutos de cine, desde los más pobres hasta los más ricos, hacen convocatorias para otorgar financiamientos a personas que hayan hecho una película. Se conforma un jurado extranjero que lee y discierne cuál es el mejor proyecto. Te dan un fondo y tú haces la película. Para mí no hay nada más sano que eso, se potencia el cine nacional. Eso el ICAIC no lo tiene. Lo que sí tiene es algo así como sus realizadores favoritos. A veces se hace una ópera prima, pero dime cuántos realizadores de Ciego de Ávila, de Camagüey o de Las Tunas han hecho películas con el ICAIC. Habrá quien diga: “voy a meter ahora un tema candente para ir de viaje” y no acudir entonces al ICAIC. En mi caso, si yo hubiera salido de San Antonio y el ICAIC me hubiera dicho que tenía un fondo abierto yo hubiera hecho la película por allí. Pero eso no existe y eso es lo que tanta gente ha pedido con la ley de cine.

El día que haya un fondo claro yo voy a ser el primero en aplicar. ¿Por qué hay un fondo noruego y no uno cubano? No creo que la independencia tenga que ver con temas más candentes o no. Hay un poco de cliché con independencia y querer hacerse el pillo políticamente. Por otra parte, el ICAIC aprueba que se filmen en Cuba películas como Rápido y Furioso. Me encanta que se puedan filmar películas de ese tipo en Cuba. Pero al final lo que no entiendo es la política editorial de nuestro Instituto de cine. Hace un tiempo cerraron los cines 3D para cuidarle el gusto a la población. Ahora se puede hacer Rápido y Furioso pero Melaza no se debe poner. Entonces es un poco difícil y uno como realizador no puede hacer sus obras dependiendo de un organismo así.

 

 

Santa y Andrés

Santa y Andrés (2016). Director Carlos Lechuga. En la foto Lola Amores y Eduardo Martínez

 

 

– Santa y Andrés se presentará próximamente en el Festival de Cine de Toronto. ¿Cómo llegó hasta allí y cuál es el camino que seguirá luego?

 

En septiembre Santa y Andrés tendrá su estreno mundial en el Festival de Toronto y a finales del mes tiene su estreno europeo en el Festival de San Sebastián. Llegó a Toronto porque Producciones de la 5ta Avenida, mi productora, trabaja con un agente de ventas, que su trabajo es ese: colocar la película. Así ocurrió también con Juan de los muertos, de Alejandro Brugués. Cada festival de cine tiene una fecha de apertura a inscripciones y los agentes de ventas están pendientes de esto y aplican con la película para que se vea. Pero un agente de ventas no solo hace eso, sino que busca una manera para que, en dependencia del tipo de película que sea, camine bien. Con este agente de ventas yo trabajé en Melaza, que fue mi primera película, y cuando terminamos Santa y Andrés él lo llevó al Marché du film de Cannes. Allí se van haciendo visionajes para personas de la industria, profesionales del cine que se dedican a comprar y vender películas. Gustó en Toronto y en San Sebastián. Es una dupla muy buena porque salen al mismo tiempo, son festivales muy buenos y, en lo personal, muchas películas que he admirado han ido a esos dos festivales al mismo tiempo. Después de estos festivales hay otros interesados. Mi interés es estrenarlo en diciembre aquí en La Habana, en el Festival de Cine.

 

 

 

– ¿Cómo fue el proceso de producción? ¿Quién puso el financiamiento?

 

Realmente este mundo del cine es muy complicado. Yo hice Melaza, aquí hubo un momento en que trataron que no se pusiera mucho. El ICAIC no estaba muy interesado en exhibirla, pero al mismo tiempo, aplicando a festivales gustó la película y estuvo en más de sesenta festivales. Ganamos varios premios, y nos fue bien. Cuando uno hace una película en un país como Cuba –que al año hay seis o siete, máximo– uno cree que hacer la segunda película va a ser más fácil. En mi caso no fue así.

Con Santa y Andrés apliqué a varios fondos con mi productora, Claudia Calviño.Aplicamos al de Ibermedia, a un fondo de Rotterdam, a Hubert Bals , fuimos a Cinemart. Al final gané un premio de guión. Eso empujó un poquito a que la película se hiciera, y al propio tiempo a que yo fuera productor. En cierto sentido eso demuestra que no es más fácil cuando tienes ya una primera película y quieres hacer la segunda. En este caso fue más complicado que con Melaza.

 

 

 

– ¿Qué importancia ha tenido Producciones de la 5ta Avenida?

Santa y Andres staff

Staff del filme Santa y Andrés (2016) Director Carlos Lechuga

Toda la importancia del mundo. Yo me gradué de guión en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Cuando uno sale de la Escuela a la realidad no sabes para dónde coger. Es muy difícil ver qué se hace. Yo ya conocía a Alejandro Brugués, a Claudia Calviño, a Inti Herrera y a Alejandro Tovar y me acerqué para hacer con ellos Melaza, que fue mi guión de tesis. Después seguimos con Santa y Andrés y varios cortos en el medio. Entonces es como mi casa. No soy un productor de allí pero con ellos lo he podido hacer todo y es como estar en familia. A lo mejor mañana el ICAIC me llama para hacer una película y no me sentiría completamente a gusto porque no sé los mecanismos. Somos amigos y eso ayuda mucho en una película. Una película es un proceso muy largo, y si todo el mundo no está en la misma energía… En algún momento uno necesita el apoyo de amistad. Para hacer una película, con suerte, te demoras cuatro años.

 

 

 

– Has dicho que la historia de Santa y Andrés surgió de la impresión que le causó Conducta Impropia y Seres extravagantes, documentales que develan cómo se apartó a determinadas personas del proyecto revolucionario cubano por sus preferencias sexuales y otras actitudes que supuestamente no encajaban en la nueva sociedad. ¿Qué particularidades de la Cuba actual lo llevó a retomar este tema en su filme?

 

Cuando terminé Melaza, tuve una discusión con el ICAIC porque no querían ponerla. En aquel entonces yo tenía esos documentales en la casa y comencé a interesarme en el tema de la censura (que lo que me pasó a mí comparado con lo de esa gente no tiene ningún tipo de relevancia). Mientras Melaza viajaba por varios lugares, yo lo hacía con ella y fui conociendo gente de la generación de Reynaldo Arenas, que por una razón u otra tuvieron que irse de Cuba. Los artistas son muy sensibles y hay un punto de reconocimiento que es necesario, y esa gente se fueron con muy mal sabor de boca de aquí porque no se sintieron respaldados. Ese sentimiento fue el que yo traté de buscar. En ningún momento yo quise ser un biopic de Reynaldo, o de otra persona, sino más bien buscar ese sentimiento que es el de la gente que en algún momento se ha sentido apaleada o al margen de la sociedad. No solamente les pasa eso a los que no están con la Revolución o son homosexuales, sino que también a otro tipo de personas.

El personaje de Andrés es escritor, gay, apartado completamente de la Revolución; pero a Santa le pasa esto al mismo tiempo. Por eso ellos dos conectan: personas apaleadas por la vida que juntos pueden hacerse compañía. Creo que mucha gente se va a sentir identificada con la película. Mi intención no era hacerla desde el odio, sino  tratar de ver cómo gente apaleada puede hacer nexos. Quise mostrar personas que a veces no se muestran, héroes un poco ocultos. Y gente valiosa.

 

Actor Eduardo Martinez

Santa y Andrés (2016) Director Carlos Lechuga. En la foto el actor Eduardo Martínez

 

– En el audiovisual cubano, tanto documental como ficción (y haciendo excepciones como la Televisión Serrana), son mucho más frecuentes historias habanocentristas, citadinas y de corte social. Sería lógico que Ud. –que vive por demás en el centro del Vedado– esté tentado a crear historias ambientadas aquí. Sin embargo, no es así. ¿Por qué sacar a Santa y Andrés a otra geografía, quizás extraña para Ud.?

 

Hay gente que escribe ciencia ficción y no fue a la Luna. Tampoco significa que sin el campo no pueda vivir, yo soy de la ciudad completamente. Es más una inquietud artística. Creo que mi generación se ha ido más al campo. Lo mismo en el cine latinoamericano como en el europeo. Es una vuelta a las raíces, a lo natural. Yo me intereso sobre todo por lo pictórico, los verdes, aprovechar paisaje natural. Te domina y te centra mucho la imagen para donde quieras ir. Si filmas en la ciudad se cuelan muchas cosas en la imagen, y el tipo de películas que yo hago es de pocos personajes y donde las locaciones juegan un papel importante. Todo lo que sea paisaje rural me da nivel de contención, o sea, que yo puedo dominar, sé lo que está en el cuadro, sé lo que estoy contando y me centro más en lo humano. A mí lo que más me interesa es la convicción humana. Si estás en un lugar: una planicie horizontal o en una loma, y hay dos seres humanos, la mirada se centra en ellos.

La gente lo agradece. Con Melaza yo no sé cómo gente que vive en bateyes averiguaban mi teléfono y me llamaban: “yo vivía en tal batey y la vida era así exactamente…”, al mismo tiempo había otro que decía: “cómo este chamaco del Vedado va a estar contando una cosa del batey si en realidad no sabe nada”.

 

 

 

– ¿Cuál será el próximo proyecto audiovisual de Carlos Lechuga?

 

Tengo una película de vampiros que no tiene nada que ver ni con Juan de los muertos, ni con Vampiros en La Habana. Son recuerdos que yo tengo de mi infancia –durante el Período Especial– con mi mamá y mi abuela, recreado en un mundo de vampiros. Además, tengo otro proyecto que provisionalmente se llama La pelota roja.

Es una película de cámara: pocos personajes, dos hermanas, una historia de celos y que tiene mucho que ver con el cine de Bergman. Como un Bergman tropicalizado.

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