Marcelo Martín: “donde exista un cubano siempre habrá una historia que contar”
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EL TREN DE LINEA NORTE

Por Mayté Madruga Hernández

El tren, uno de los primeros símbolos de prosperidad en Cuba y de su sacarocracia, camina por la línea norte como hilo conductor entre pasado y presente, un pasado en muchos aspectos luminosos, contra un presente en muchos elementos sombrío. El ferrocarril, icono de la historia cubana, sigue siendo hoy, prácticamente, el único medio de transporte para los pueblos que recorre. El tren es la guía también para un realizador como Marcelo Martín. Impelido por la necesidad de la denuncia, Martín asume un personaje dentro de su propio documental El tren de la línea norte, a veces, incluso, hasta ambivalente; para algunos es un desconocido que trae cámara y micrófonos, a quien contarle lo que se pasa, día a día, en estos barrios; para otros, es Marcelito, el niño que probablemente vieron crecer o el que conocen de alguna forma más íntima.

El Tren de la línea norte es un documental que va develando situaciones, historias, todo paulatinamente ¿Cuál es el rol que juega el proceso de investigación en este material?

Sin una investigación exhaustiva hubiera sido muy difícil, al menos para mí, realizar el documental. Por un lado estaba la experiencia de mis años de niñez cuando visitaba el pueblo cada verano; y por otro los casi 10 años de investigación enfocados ya en las particularidades de la historia que realicé de adulto. Me siento satisfecho de haber hecho la película que había sido escrita en la última revisión del guión. No me siento capaz de realizar un documental, de este tipo, sin las certezas que te ofrece una investigación bien profunda.

pueblo de Fallas Cuba. Marcelo Martín

¿Hasta qué punto tu narración en primera persona busca un equilibrio entre el compromiso del documentalista con su realidad y tu subjetividad como persona?

Es que no veía el documental sin mi alegato personal. Más allá de mi subjetividad, sentía que todo lo que se iba a contar tenía que ser defendido desde mi propio rol. Ser parte activa del discurso narrativo era una obligación con la historia y sus personajes. El tren… es un documental de autor. La historia del presente de esa geografía existe con o sin el documental. Podrán existir miles de criterios, positivos y negativos, en torno a lo que se expone en la narrativa, pero no podía dejar lugar a las dudas. Por eso asumí el compromiso de ser representado igual que todos los demás personajes. Todo lo que se expone, para bien o para mal, es mi absoluta responsabilidad.

Cada vez más, por suerte, las historias narradas en el cine independiente cubano dejan de ser habano-centristas, El tren… es tú caso, ¿cómo lo definirías dentro de este panorama audiovisual?

EL TREN DE LINEA NORTE

Para un documentalista, visto desde mi concepto particular, las buenas historias existen donde tú seas capaz de encontrarlas. La Habana tiene aún millones de historias no contadas. Pero es que Cuba en toda su extensión territorial y humana tiene innumerables historias. El mundo las tiene. Asumo esto bajo mi criterio personal, ser habano-centristas pudiera tener que ver con que hay más realizadores en la capital y también más acceso a las formas de producción independiente. La centralización que existe en Cuba donde La Habana es centro gravitacional de toda la Isla afecta en gran medida todos los aspectos de la vida, dentro de ellos naturalmente, la producción audiovisual. Por suerte existen en el presente movimientos en torno a la diversificación y por ende más acceso a los mecanismos de producción a nivel de país que hace una década atrás. Cuba es desde San Antonio a Maisí. Podría decirte más, Cuba existe donde exista al menos un cubano en el mundo. Y donde exista un cubano siempre habrá una historia que contar.

¿Podrías abundar en la apropiación y denuncia de su situación que hacen algunos de tus entrevistados dentro del documental?

Te diría que la denuncia quien la hace soy yo. Los personajes del documental simplemente aprovecharon una de las poquísimas oportunidades que tienen y han tenido de exponer su realidad. En los casos que corresponde, depositaron en mí su confianza con el único objetivo de ser escuchados. Algunos con miedo a las consecuencias políticas, otro sin remordimiento alguno, depositan sus esperanzas, tristemente, en cualquiera que les dé la oportunidad de hablar de sus males. Están literalmente abandonados a su suerte. Una de las peores suertes: el inmovilismo y la destrucción económica y moral. Por eso sentí la urgente necesidad de aparecer en el documental; para intentar ser uno más en su lucha contra el silencio; para no traicionar mi discurso, pero más aún para no traicionar la confianza. Un documental es solo una película, no cambia la realidad, pero al menos pudiera convertirse en el testimonio de un momento dado en la vida de las personas representadas en la narrativa.

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