Rafael Ramírez: “los límites entre realidad y ficción son más permeables de lo que imaginamos”
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Limbo Rafael Ramírez

Por Andy Muzalf

Quizás la experiencia de terminar una película en el futuro –si en el futuro se seguirá llamando película– sea como despertar de un letargo de tiempo indefinido y descubrir que estás en un extraño lugar con oficinas separadas por tabiques de vidrio, donde hay personas que han creado una narrativa en la que eres el protagonista. Ellos pueden ser los cineastas del mañana –si en el mañana se llaman cineastas– y tú una especie de Maeve Millay que ya no sabe si Westworld es su realidad.

Para Rafael Ramírez (Holguín, 1983) un mundo así sería ideal para jugar aún más con los discursos de la verdad, como juega también con sus diversos alter ego. Mateo Mordeccai, uno de ellos, fue el que prologó su libro Umbralismo: una antología. Del mismo modo, Adolfo Gaitán, el realizador olvidado protagonista de su falso documental Tractatus (2008) es un personaje que Rafael se inventó –cineasta igual que él– con la misma gracia con que Pessoa cambiaba de estilo en su poesía.

Graduado de la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) y actualmente cursando la especialidad Documental de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños (EICTV), Rafael Ramírez presentó en la más reciente edición de Documenta Madrid su documental Limbo, la historia de una familia que vive en una apartada región del país y que transforma sus acciones cotidianas en extraños ritos religiosos.

Al observar parte de tu filmografía es notable la presencia de “falsos documentales” (Filmar Pedro Páramo, Tractatus o Diario de la niebla). ¿Por qué el interés hacia ese género audiovisual en particular?

Creo que es una forma única para socavar los discursos oficiales –el discurso histórico, el artístico, el político-, una forma de cuestionar la validez de la memoria y mostrar la fragilidad innata de cada certidumbre. Me acerqué al falso documental sin haber visto uno. Mi interés en ese género llegó a través de los heterónimos de Pessoa y un libro de Max Aub: Jusep Torres Campalans.

Para ti, ¿cuáles son los límites entre la ficción y la no ficción en el cine?

Los únicos límites son éticos. El resto es un entramado de negocio, mafia y moda. Eternos debates sobre lo representacional, bizantinas circunvoluciones en torno a cómo retratar al Otro, si darle Voz o darle la cámara o darle un arma y que nos dispare: eso está en el núcleo de cientos de libros sobre el tema.  Discusiones bastante aburridas y que han dado de comer a muchos scholars, sin duda. Si tomas Granton Trawler como un found footage y lo reeditas o quizá sólo le cambias la banda sonora, se puede transformar en un material de ciencia ficción, en una adaptación de Moby Dick o en una denuncia contra la pesca indiscriminada de sardinas. Seguiría siendo una especie de documental, pues su austera belleza permanece.

Bill Nichols, Michael Rabiger y otros teóricos del documental muestran sus dudas a la hora de incluir al mockumentary (o falso documental) como perteneciente a la no ficción. ¿Qué crees al respecto? ¿Lo ves como una burla o es perfectamente otro modo de expresión audiovisual?  

Es una burla si el director pretendía eso. Si ves Spinal Tap, puedes pasarte una hora riendo, pero no conozco una disección mejor de toda una era en el rock progresivo. Además, ya el falso documental no tiene nada nuevo y eso me alegra. Pensemos en algo más respetable: Diario del año de la peste, de Daniel Defoe. Es ficción, seguro. Pero es tan válido como los diarios de John Evelyn o Samuel Pepys. Diría incluso que te devora con mayor intensidad. Repito que ese debate no conduce a ningún lugar. Por otro lado, las taxonomías de Bill Nichols nunca me han convencido. Ahora son menos útiles que nunca.

Cuando emprendes un proyecto audiovisual, ¿lo haces desde un posicionamiento definido (es decir ficción/no ficción) o muestras la historia tanto con los presupuestos de la ficción como los de la no ficción?

Los proyectos trato de verlos de forma independiente. No tengo una ideología o credo fílmico.  Sí estoy seguro que los límites en nuestra vida real entre lo que llamamos realidad o ficción son más permeables de lo que imaginamos. Hay una retórica del documental y una de la ficción. Y ahora alguien historiará la retórica del híbrido. El ser humano construye sistemas y estilos: le es inherente. Tiene que explicarse continuamente el desastre que habita, el desorden de un mundo que cree le está hablando y debe entenderlo para sobrevivir. Y sí me interesa historiar desde cualquier posición esa lucha magnífica que a veces está en mis personajes y a veces en la propia forma de la película.

¿Consideras que tus documentales muestran lo real-maravilloso de la “realidad” cubana y latinoamericana? ¿De qué forma?

Lo real maravilloso y el realismo mágico casi nos privan de Macedonio Fernández, Onetti, Juan José Saer, Felisberto Hernández, Miguel Collazo, Jodorowsky, Raúl Ruiz, Rafael Morante, Roberto Arlt, Pablo de Rokha, y un largo etcétera. Porque en estas tierras lo que no es una derivación del neorrealismo es llamado: surrealista, real-maravilloso o fantástico. No tengo nada que ver con eso. Pensar o leer a Latinoamérica desde esos presupuestos es terrible.

Limbo, tu más reciente trabajo audiovisual tiene muchos puntos en común con ese surrealismo o con lo real-maravilloso presente en la historia y la realidad latinoamericana ya tratada desde la literatura. A propósito de este documental: ¿Cuál es la historia que muestras aquí? ¿Por qué te llamó la atención?

En Limbo no hay ningún elemento de lo real-maravilloso. Es un documental. Al menos el tipo de documental que creí podría acercarse al mundo de estos personajes. El problema radica en definir cuál es tu posición. No tu posición frente a ese mundo, sino tu posición en el mundo. Mi bisabuela era espiritista, mi abuela y mi madre lo fueron. Yo no practico esa religión, pero es innegable el magnetismo que despierta en mí. Esta película, como Alona o Los perros de Amundsen, es una traducción. ¿Cómo traducir ese espacio que habla una lengua que no es la mía, pero que sé me brinda un mínimo acceso a través de mi pasado? Ese es el problema principal y al final es un problema de lenguaje. No hay una historia en ese filme. No hay un conflicto a solucionar. Hay un gran conflicto del cual soy parte también: ese Limbo, ese espacio circular donde se espera por la Eternidad, junto a muertos ilustres, como Dante lo imaginó. El poema final lo resume. Es un viaje a través de las Esferas, hay la esperanza de una ascensión.

Limbo, Rafael Ramírez

Desde hace unos años es cada vez más común que los realizadores cubanos opten por emprender sus proyectos audiovisuales con productoras no estatales (las causas son harto conocidas). ¿Te consideras uno de esos realizadores “independientes”?

Es irónico que el único filme verdaderamente independiente que he realizado hasta ahora sea Year of Meteors, un largometraje que termino este año. Filmar Pedro Páramo y Tractatus los hice cuando estudiaba en FAMCA. Diario de la niebla, Limbo, Traces of the Inscribed, Alona y Los perros de Amundsen los he filmado en la EICTV. Quizá en agosto comience el rodaje de un proyecto independiente. Ya veremos.

¿Crees que esos realizadores independientes tienen propuestas interesantes desde el punto de vista estético?

Creo que son los únicos realizadores, al menos los que me interesan.

Te has inclinado bastante por la experimentación formal dentro del panorama audiovisual  cubano. ¿Crees que todavía existe en nuestro cine un deseo por experimentar y proponer audiovisuales diferentes? ¿Qué ejemplos pudieras mencionar?

Como dije anteriormente: negocio, mafia y moda. Muchos directores hacen un cine del siglo XV. La ironía es que realizan ciertos performances o trucos de utilería para revestir sus películas con un barniz contemporáneo. Dan asco. No más asco que sus colegas del resto de Latinoamérica. No me refiero con ello a los cineastas interesados en el cine comercial, pues esos saben a lo que van. Me refiero a los que quieren ser adorados por el pueblo –no el público, sino el pueblo- y a la vez ser reverenciados como tipos que toman riesgos formales. Muy pocos cineastas realmente se arriesgan en Cuba: Miguel Coyula, Alejandro Alonso, Jorge Molina, Enmanuel Martin, Machado Quintela y otros poquísimos.

¿Cuándo y por qué te diste cuenta que te interesaba la realización audiovisual?

Pasaba algunas vacaciones en un cine móvil con mi tío, recorriendo algunos campos de Holguín. Veíamos Liberación, como doce veces en un mes. Pero fue ahí, y ya me parece que lo soñé, que vi Ran, de Kurosawa. Fue el inicio.

¿Cuáles son tus referentes a la hora de hacer cine?

Sobre todo literarios o musicales. La lista sería larga. Cineastas fundamentales en mi formación: Jean Marie Straub, John Ford, Ben Rivers, Guy Maddin, Konstantin Lopushansky, Gustav Deutsch, Guillén Landrián, Jodorowsky, Maya Deren, Paradjanov, Stan Brakhage, Kurosawa.

¿Qué películas cubanas de los últimos 15 años te parecen más interesantes?

Muy pocas: El proyecto y Velas (Alejandro Alonso), Molina´s Moffo (Jorge Molina), En el iglú y Buen viaje Stalkers (Enmanuel Martin) y Cisne cuello negro cuello blanco (Marcel Beltrán) están entre ellas.

¿Por qué te has interesado también por la literatura? ¿Encuentras en ella otro modo de contar historias o es algo más?

La literatura es un arte privado y por eso mismo es más terrible, pues la batalla es silenciosa y nadie te juzga en el silencio de tu habitación, excepto el Gran Arquitecto.

Rafael Ramírez / FOTO: Cortesía del entrevistado

Rafael Ramírez / FOTO: Cortesía del entrevistado

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