Notas sobre la formación del canon documental cubano
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noticiero ICAIC

Notas sobre la formación del canon documental cubano
Por Cinthya Cabrera

 
En el caso de Cuba, para comprender el canon del documental, es preciso considerar una condicionante fundamental que atraviesa todos los ámbitos de la sociedad desde hace más de cincuenta años, y es el hecho de un proceso revolucionario cuyas principales fuerzas impulsoras fueron ocupando espacios en las relaciones de poder en la isla, con un punto álgido el 1ro de enero de 1959 cuando escapara del país Fulgencio Batista –que había llegado al cargo de presidente siete años atrás con un golpe de estado-.

 
Desde antes de su entrada a La Habana, el denominado Ejército Rebelde había concedido una atención notable a su legitimación a través del poder simbólico. La imagen y mitología de los barbudos en la Sierra Maestra y la creación de una emisora de radio en 1957 (Radio Rebelde) constituyen apenas un par de ejemplos de cómo un grupo logró ir capitalizando poderes y paulatinamente inclinar la balanza de tales poderes a su favor, para sentar luego las bases de una hegemonía duradera hasta hoy. El 1ro de enero de 1959, por tanto, los barbudos con Fidel al frente y las fuerzas progresistas que se le habían sumado, no “toman el poder”, sino que alcanzan la posibilidad de institucionalizar su proyecto a partir del acaso último resquicio de poder que le quedaba por alcanzar: las vías abiertas para la formación de un gobierno y un Estado revolucionario.

 
ICAIC

Apenas tres meses después del triunfo, se crearía el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico (ICAIC), que tensaría los cánones de la producción cinematográfica en Cuba hasta entonces, que incluso trascendería las tensiones para convertirse en paradigma a nivel continental, y que construiría y establecería un canon en cuanto a forma y contenido de las producciones cinematográficas cubanas.

 

Para comprender lo anterior es necesario considerar que la propia revolución cubana tensó los paradigmas de la sociedad de entonces. Las revoluciones son procesos de subversión cultural. Era un hecho que nació con un carácter experimental en sí, pero que fue capaz de construir hegemonía, establecer sus propios paradigmas y, puntualmente en cuanto al cine, favorecer –a través del ICAIC- el establecimiento de un canon funcional a la reproducción de tal hegemonía, mucho más palpable y sólida desde finales de la década de 1960.

 

 

 

El principio de aquel decenio sería de franca experimentación. Existía una diversidad de voces, organizaciones, diarios, que era capaz de hacer traslucir una lucha y tensiones de poderes aún palpable. El caso del documental PM (1961, Sabá Cabrera y Orlando J. Leal), el discurso del entonces Primer Ministro Fidel Castro en las sesiones de reunión de intelectuales en la Biblioteca Nacional –conocido luego como Palabras a los intelectuales) entre otros acontecimientos, demuestran tales tensiones y la voluntad constante de reafirmación y solidez hegemónica, así como el reconocimiento de la centralidad del capital simbólico.

 
Un documental como PM, por ejemplo, no mostraba lo esperado en ese contexto. En tales circunstancias, lo esperado de un documental era la presentación de la batalla en la que se encontraba inmersa la isla en la construcción de la nueva sociedad, y las amenazas de Estados Unidos como enemigo de este proyecto, o sea, personaje antagónico en el canon de la documentalística cubana. No era esperado que un documental de la época mostrara distensión, sino sacrificio y trabajo: una sociedad inmersa en su reconstrucción. El canon del documental en Cuba ha estado condicionado por una serie de prioridades políticas.

 

 

 

PM documental

 

 

 

La década de 1970 cambiaría el panorama y de la experimentación de los primeros años de Revolución se pasaría a una estandarización y fortalecimiento de la institucionalización. El “quinquenio gris”, como denominaría el intelectual cubano Ambrosio Fornet a la etapa que abarcó aproximadamente de 1970 a 1975, la creación del Partido Comunista de Cuba (PCC) en 1976 y la aprobación de una nueva Constitución de la República ese mismo año, fueron hechos que terminaron de consolidar la hegemonía del gobierno y el Estado instaurados desde 1959. La Revolución dejaba atrás no solo una etapa de experimentación, sino su propio carácter experimental, para reproducir una ideología ya clara y definida a través de cánones bien determinados.

 
El cine se fortaleció como una narrativa fundamental en el proceso de consolidación de la hegemonía del Estado y el gobierno revolucionarios. El ICAIC estableció un canon donde es notable, tanto en la ficción como en la producción documental, una preocupación por la presentación del hombre en sus circunstancias histórico-sociales. No son comunes las introspecciones personales. Pareciera que el cine cubano estuviera permeado de una visión marxista que impulsa al interés por el hombre y sus circunstancias.

 
Se fue estableciendo un canon documental que, desde el punto de vista de contenidos, mostraba logros de la Revolución, un pasado oscuro frente a un presente enaltecedor y un futuro brillante, la cuestión del paraíso nacional y el infierno foráneo también se dilucidaba, el carácter épico en la presentación de los principales líderes.

 
Respecto a la estética, se estableció un canon donde la banda sonora apoyaba al montaje visual, y el carácter naturalista de la utilización del sonido (tensado por Santiago Álvarez, que a través de su documentalurgia lograría otorgarle valores narrativos a la banda sonora en sí y a la imagen en sí, y hacerlas narrar a ambas a partir del contrapunto sonoro).

 
El establecimiento de una tesis y la articulación de los recursos expresivos audiovisuales en función de su demostración, sobre la base de una narrativa lineal, constituyen también marcas del canon del documental cubano que se desmarca, además, de la utilización de animaciones, que puedan restarle credibilidad en tanto estas se asocian más bien con recursos de la ficción.
Los personajes atendidos por el documental cubano han sido principalmente protagonistas directos de la Revolución y se presentan como héroes épicos. Las historias de vida, digamos, de aquellos no protagonistas directos de la epopeya, se presentan igualmente en relación positiva con la misma.

 

 

TV Serrana

Vista desde el Mirador en TV Serrana

 

 

 

Vale mencionar la estética de Televisión Serrana como una tensión al canon del documental cubano que tiene además un carácter urbano. En este caso, contenido y forma se entrelazan de un modo particular, en tanto la manera de presentar las historias se apropia de las características mismas del lugar que presenta. El uso de los silencios, planos abiertos que develan un paisaje dominado por montañas, la relevancia otorgada a los sonidos del lugar, los tiempos de los planos, a veces largos, en sincronía acaso con el sosegado paso del tiempo en los ambientes rurales. Tanto la estética como el contenido que le interesa a Televisión Serrana, tensan y se apartan del canon del documental cubano, y han establecido un canon propio.

 

 

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