Ricardo Figueredo: “Me gusta hacer cine independiente”
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Ricardo Figueredo durante el rodaje de película

Ricardo Figueredo: “Me gusta hacer cine independiente”

Por : Andy Muñoz Alfonso

 

El próximo 2 de agosto, en la Embajada de Noruega de La Habana, se estrenará La singular historia de Juan sin Nada, documental que analiza la economía cubana desde la perspectiva de un obrero común. Ricardo Figueredo, su guionista y director, nos habla sobre la película y sobre el cine independiente cubano.

 

 

Ricardo Figueredo

Ricardo Figueredo ha producido la mayoría de los audiovisuales de Eduardo del Llano
(Foto: Cortesía del entrevistado)

 

Cuando Operación Alfa (2012) se difundió por el Paquete Semanal, Ricardo Figueredo (La Habana, 1972) no imaginó que se creyeran su historia. El documental revelaba las causas de la desaparición física de la carne de res en Cuba. La más increíble: que había sido ocasionada por una mala interpretación de los servicios secretos rusos de una señal “paranormal” –originada realmente por un radioaficionado habanero–, lo cual desencadenó una serie de sucesos cuyas víctimas fueron las vacas cubanas (o sus consumidores). Era un falso documental.

 

 

 

 

 

A Figueredo le gusta jugar de ese modo. Filma convencido de que es documentalista, pero todo el tiempo está buscando la ficción dentro de la realidad que representa. Más bien lo inverosímil.
Sin embargo, no es un exponente tardío del realismo mágico en el cine cubano, sino que se vale del cine para analizar lo fantástico en nuestra historia reciente.
Graduado en la especialidad de Producción de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV), funda en 2006 Cooperativa Producciones, un “laboratorio de desarrollo cinematográfico” que facilita la realización audiovisual en el contexto cubano.
La productora funciona como una cooperativa: personas que se asocian y cooperan, ya sea para buscar fondos, prestar una cámara, poner el sonido o aportar dinero en efectivo. De ese modo, han financiado obras de Jorge Molina, Eduardo del Llano, Eliécer Jiménez Almeida y del propio Ricardo Figueredo. La singular historia de Juan sin Nada, su último documental, es precisamente el resultado de una estrategia de producción novedosa que se plantearon en Cooperativa: realizar un crowdfounding sin Internet.
cartel juan sin nada

– ¿Qué buscabas, a qué conclusión querías llegar con el documental?
Lo que me planteo en el documental es un análisis de la microeconomía cubana, vista desde una persona que cobra 250 pesos y cómo sobrevive con ese dinero. Para ello creé a Juan, un personaje de ficción que engloba a mucha gente y es el eje central que yo uso como sátira.
Tengo además otros personajes dentro del documental: una maestra de primaria, un obrero de la construcción, cuentapropistas, especialistas en Economía, especialistas en Historia. Ellos llevan las subtramas de verdad y las que apoyan el concepto documental. Pero la trama principal de la película, en la que apuntalo todas mis observaciones sobre la economía, es de ficción. Lo hice así porque iba a ser casi imposible encontrar a alguien que viviera realmente de 250 pesos, una situación límite de alguna manera.

 

 

 

 

 
– ¿Cómo fue la experiencia de producir y realizar un documental como La increíble historia de Juan sin Nada? ¿Qué papel tuvo la Embajada de Noruega?
Cuando empezamos a desarrollar Juan sin Nada ya nos habíamos ganado el fondo que otorga la Embajada de Noruega. Yo escribí el guión y Diana Reyes asume la producción del documental –normalmente cuando quiero dirigir algo me cuesta trabajo producirlo–. Pedimos una cantidad pero no lo cubría todo. Entonces inventamos una especie de crowdfounding analógico en el marco del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de 2014.
Consistía en hacer un talonario que el receptor llenaba con sus contactos. Nosotros nos quedábamos con esa parte del cupón y ellos se llevaban datos generales de nosotros y de la película. Funcionó buenísimo. Tuvo una cobertura que no esperaba. Recaudamos poco más de mil dólares. Pero sobre todo me abrió muchas puertas y empezaron a asociarse gente que se sorprendieron por lo novedoso de esa manera de recaudar fondos. Son los primeros que salen en los créditos. Además, tuvimos repercusión en la prensa, France Press me entrevistó y se replicó también en otros medios.
Para la presentación, hice carteles y otras cosas. Siempre queremos sorprender a la gente que vaya, es un poco el espíritu de Juan sin Nada.
La película es dura y también simpática. Tengo un amigo que la vio y me dijo: “creo que te fuiste demasiado con el choteo”. Es posible, pero era lo que quería.

 

“Hay un interés muy grande de Sundance por el movimiento independiente cubano”

– ¿Cuál es el valor de estos financiamientos de las Embajadas, y demás fondos de otras entidades, para el cine cubano actual?
En la Muestra de Jóvenes Realizadores, que además organiza el ICAIC, el 80 o el 90 por ciento de las obras se hacen de manera independiente, con los fondos que dan embajadas y gente que ayuda. Sin esos financiamientos no se fuera imposible.
Hay que agradecerles muchísimo el interés que tienen por el cine, por nosotros, la atención que nos dan. Yo lamento mucho que el ICAIC o alguna entidad autorizada para hacerlo en Cuba no brinden ese tipo de oportunidad: ofrecer presupuestos para que los realizadores cubanos –sobre todo los que empiezan– desarrollen sus ideas y no caigan en la frustración de que nunca pudieron hacerlo.
Mucha gente quiere ser cineasta y tienen buenos proyectos pero no encuentran la manera de realizarlos, y al final los pierden porque gran parte de la emigración joven cubana se debe básicamente a la frustración de no poder hacer lo que quieren, no solamente en cine sino en muchas otras esferas.
Es una lástima que no se haga porque Holanda, Noruega, etc. abren estos fondos y al final se presentan mucha gente que no quedan y no pueden hacer sus películas pues tiene un carácter competitivo. Esto, además, es un gran entrenamiento porque debes presentar una carpeta, hacer un presupuesto, un pitch… y de alguna manera entrena al cineasta, entra en la liga de cómo se hace normalmente en el mundo.
Yo creo que el ICAIC se pierde todo esto constantemente. Se lo pierde porque hay mucha gente con ideas, que propone y tiene ganas de hacer cosas y no están al tanto, lo cual los deja en desventaja con el resto.
Hay un interés muy grande de Sundance por el movimiento independiente cubano que tiene que aprovechar y una vez más se lo pierde el ICAIC. No es algo que implique dinero, es simplemente que se pierden involucrarse, participar o al menos conocer. Ellos tal vez no pueden financiar todo, pero sí pudieran por ejemplo dar dos premios al año para que se hagan varias películas independientes. Se involucrarían así con la gente nueva que quiere hacer cine no solamente en La Habana. Por eso esos fondos son esenciales. Creo que eso es lo que mantiene vivo de alguna manera la otra cara del cine cubano, otro modo no solo de hacer cine sino de distribuirlo.

 

 

 

“En el cine independiente, el productor cobra mucha importancia, se convierte en algo más”

– ¿Qué importancia tiene el productor en el cine cubano actual, específicamente en el independiente?
La figura del productor es clave en el sentido de que toda industria se mueve a nivel de productores. Es decir, el productor es esencial en el cine. En el cine norteamericano es el productor el que muchas veces contrata al director para que realicen la película que ellos quieren hacer. En Cuba no funciona así.
El ICAIC, como industria, tiene otras maneras de asumir proyectos. Muy pocas veces hay una comisión de productores que analice la factibilidad de las películas, cuánto puede costar y cuánto recaudar, de qué manera gestionar los recursos. Es un presupuesto que viene dirigido, estructurado y ubicado en una cierta persona que lo va a administrar. Es decir, tienen un esquema ya creado. Cualquier director que haya hecho dos películas con el ICAIC puede fácilmente hacer una tercera si cumple las normas que el ICAIC le puso en las anteriores.
El guión no es analizado desde el punto de vista de la producción. Los productores ya reciben un presupuesto de la industria y lo que hacen es administrarlo. Muy pocas veces los productores salen con el dinero, buscan un festival, desarrollan un proyecto, hacen pitching… que son cosas que en la EICTV, por ejemplo, son muy rigurosos.
En el caso del cine independiente el productor cobra mucha importancia porque es quien tiene que buscar todo el financiamiento, hacer pactos, firmar contratos o negociaciones con empresas y con gente que te facilita la película. Te conviertes en una persona que tiene más poder sobre la película. Por ejemplo, una de las cosas más interesantes que me ha pasado con el cortometraje Casting (Eduardo del Llano, 2013) fue ganar el Premio Coral en el 25 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Lograrlo fue un gran reconocimiento para un tipo de obra que no es de las más exhibidas o de las más representativas. Eduardo del Llano y yo todo el tiempo nos comunicábamos las ideas y las formas de realizarlas. Muchas veces sabíamos difícil lograr permisos para hacer determinadas escenas y buscamos las soluciones para lograrlas de alguna forma.
En el cine independiente el productor tiene la posibilidad de mirar un poco más allá, manejar a dónde quieres llegar con la película en los circuitos de festivales y de distribución.

 

 

“No hago cine pensando en política, hago cine pensando en mi gente, en mi sociedad”

– En Cuba es notable que la agenda de los medios de prensa está separada de la agenda pública. Por otro lado, el ICAIC tampoco alienta producciones que muestren fenómenos o problemas neurálgicos de nuestra sociedad. ¿En qué medida el cine independiente en Cuba tiene relación con un cine honesto y comprometido?
Siempre trato de que el cine represente la parte del pueblo con la que yo me siento identificado. Estamos comprometidos con eso. Tengo que plantear los problemas de la gente que yo conozco, es decir, mi manera de ver.
Yo casi siempre en mis películas, sobre todo en Sexo, historias y cintas de video (2006), un poco en Despertar (2011) y con otros documentales que he producido, trato de que haya un leit-motiv social que cuente lo que nos pasa, lo que nos preocupa.
Una periodista me preguntó una vez si me interesaba el cine político. Yo realmente no hago cine pensando en política, hago cine pensando en mi gente, en mi sociedad, en los problemas que tiene. Pero de alguna manera está ligado a eso. Cualquier tema que toques de la sociedad cubana está relacionado de algún modo con la política, no porque nosotros queramos sino porque está definido así de antemano.
Lo relaciono con la política sin tratar de que sea un acto político, sino que esté más cerca siempre de esto que nos rodea que es precisamente las maneras de ver la política, los modos en que la política ha hecho que los cubanos sean de la manera que son: particulares y muy interesantes para el mundo. Tenemos un código de pensamiento, maneras de actuar y obrar que han sido consecuencia de todo esto que ha pasado.

 

 

Ricardo Figueredo durante el rodaje de la película

– ¿Cómo ha sido su experiencia con el ICAIC?
He hecho cine con la industria, la conozco perfectamente. Trabajo con el ICAIC, desarrollo proyectos con ellos y también trabajo en la calle, pero no es de esto último de lo que vivo. Con ninguna de las películas que he producido con Cooperativa he podido comprarme ni un paquete de hojas. Sin embargo, me da mucha satisfacción tener un grupo de películas hechas por nosotros, un grupo de películas de gente que ha seguido haciendo cine y tiene cierto reconocimiento. Me gusta hacer cine independiente.
Cuando Eduardo del Llano empezó a hacer películas –cuando empezamos a hacer “los Nicanor”– él escribía, hacía guiones, pero no era un director de cine. Después trascendió y logró hacer películas con el ICAIC: Vinci (2011) y Omega 3 (2014), en mi opinión no tan exitosas como el resto de los cortos que hizo, pero las logró hacer. Y vuelvo a lo mismo: no son exitosas porque el ICAIC no tiene estructurado un grupo de especialistas que revisen el guión al detalle, que pongan sus condiciones, desde el punto de vista estético, a la película. Pongo a Eduardo de ejemplo porque es una persona que yo he seguido.

 

 

 

 

 
El ICAIC, como industria, tiene que poseer un grupo de productores, guionistas y especialistas que se sienten con los directores a ver qué tipo de película ellos quieren hacer, y qué tipo de costos va generar. Eso es algo que no se hace en el ICAIC.

 

 

“La ley de cine debería pensarse mejor, estructurarse de otra manera.”

– ¿De qué forma afecta a los realizadores cubanos que no se haya aprobado aún una ley de cine que incluya y reconozca otras formas de hacer, financiar y distribuir el cine que se realiza actualmente en la isla?
Paradójicamente, yo no estoy muy al tanto de la ley de cine. A mí me citaron a la primera reunión que se hizo en el Chaplin y no fui a ninguna más. Decidí no ir.

 

 

Primero me pareció una total locura lo que estaba hablando la gente ahí, con el respeto de todos. Había ideas encontradas y no muy coherentes a mi parecer. No había muchos productores. Había básicamente realizadores.
Tener una productora te convierte en un hombre de negocios con todas las de la ley: tienes que pagarle al estado, tener un abogado, establecer leyes y cuentas que no puedes tocar. Es decir, una serie de condiciones de empresa que tienes que cumplir. La industria de cine genera recursos, empleo, dinero. Se necesita mucho dinero para hacer una película y tener una productora no es tenerla porque es más sencillo hacer cine por ahí. Yo creo que la gente no ha entendido todavía eso. Por otro lado, el Estado tiene muchas más prioridades ahora mismo que no es hacer la ley de cine.
Yo oí planteamientos en esa reunión de que el ICAIC debería desaparecer. Eso me pareció demencial. Todo lo contrario. El ICAIC tiene que seguir existiendo por los siglos de los siglos porque, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese, es la institución que lleva el patrimonio del cine de este país.
La ley de cine debería pensarse mejor, estructurarse de otra manera. Estoy de acuerdo con que se permita la apertura de productoras independientes que puedan participar en la realización de una película.
Me refiero a crear un fondo de financiamiento para hacer un número de películas al año y lanzar una convocatoria para seleccionar las películas del próximo. Que tú entregues tu guión y esperes respuestas de lo que va a pasar con él. Esa cifra tiene que ser pública. Abrir el diapasón y tratar de hacer un cine de industria. ¿Qué tiene de malo que tengamos cine de industria? El cine de arte siempre va a existir, siempre van a existir los artistas que querrán hacer sus películas.
Lamentablemente para sostenerlo y hacerlo rentable, el cine tiene que ser de industria, tratar de generar ingresos para él y que las películas den dinero dentro de tu país. Se puede hacer, en el mundo entero funciona.

 

 

“Contar las historias que quieren: eso define el cine independiente”

– En su opinión, ¿se puede hablar ya de un cine independiente cubano como un hecho concreto? ¿Cuál sería su característica fundamental?
Hay un cine independiente cubano, me atrevería a decir que hasta sólido. Existen directores reconocidos que hacen cine independiente y han logrado premios con sus películas, incluso un Goya como en el caso Juan de los muertos (Alejandro Brugués, 2012). Ellos han hecho su cine contra todas las banderas y cuentan las historias que quieren. Eso es algo que define el cine independiente.
– ¿Qué ventajas y desventajas tiene para un realizador cubano emprender un proyecto de manera independiente?
La desventaja total es que no vas a tener el apoyo del ICAIC ni en la realización ni en la distribución. No están interesados. Por lo demás, puedes ubicarla en el festival que quieras, llevarla al público que decidas. Tienes que conocer, informarte, utilizar las redes sociales, Internet, ver dónde tu película camina mejor: si es de tema gay, hay festivales específicos y fondos de financiamiento. Es decir, es preciso investigar y saber a dónde llevar la película. El productor, una vez más, es quien tiene que pensar en esas cosas. Esa es la ventaja, hacer el filme como quieras y si te equivocas sabes las consecuencias.

 

 

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